AMPARO CONTRA EL CNE POR SMARMATIC

agosto 11, 2008
Introducen ante TSJ recurso
de amparo contra el CNE

Agencia Intopress Caracas / Univisión (USA) – 16/07/08
Un amplio documento a través del cual exponen una serie de articulados de la Constitución nacional, a través del cual solicitan al TSJ “se decrete una medida cautelar innominada consistente en ordenar la inmediata resolución de todos los contratos suscritos por el CNE con Smarmatic”. Alegan que “el Estado puede hacerlo perfectamente con fundamento en lo denominado por la doctrina como cláusulas exorbitantes”.  

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EL OCASO DE MUGABE (Publicado en El Mundo el sábado 19 de julio de 2008)

agosto 11, 2008

Robert Mugabe fue una figura emblemática en la lucha contra el racismo y la independencia de Zimbawe. El Reino Unido había colonizado la mayor parte del continente africano para extraer las riquezas naturales de la región. Una de las zonas con mayor interés de los británicos fue Rodesia del Sur. Allí establecieron una política segregacionista de una minoría blanca contra la mayoría negra.

            El mundo occidental mantuvo una conducta reprochable en cuanto al tratamiento del racismo en Sudáfrica y Rodesia del Sur. Se negaron persistentemente a un embargo económico hacia esos regímenes porque en esencia era la extraterritorialización del poder europeo en las tierras donde nació el ser humano. Increíblemente hace pocos días Washington levantó el estatus de terrorista a Nelson Mandela, hecho delatador de esta tendencia farisea.

            Así las cosas y ante la presión popular, a los ingleses en 1979 se les ocurrió sacrificar a su personero, Ian Smith, para establecer un cogobierno con el arzobispo anglicano Abel Muzorewa quien se prestó para tal ignominia. Pero fue ineficaz la gestión y hubo necesidad de llamar a elecciones. En el evento comicial celebrado en 1980, Robert Mugabe derrotó a Joshua Nkomo, también de izquierda, además de los restantes candidatos.

            El norte de su gestión fue la de conformar un gobierno progresista con una diplomacia orientada hacia los no alineados. Cambió el nombre de la nación por el de Zimbawe y la capital pasó de Salisbury a Harare. Posteriormente radicalizó su postura y conformó una administración típicamente socialista africana como Angola, Mozambique, Congo-Brazzaville, Guinea, Burkina Faso y Benín.

            En el fondo fue una iniciativa clásica de las guerras de liberación nacional de la etapa de la descolonización durante la década de los sesenta del pasado siglo. Se cambió a la metrópolis por sus herederos internos quienes siguieron detentando el poder económico y ahora accedían al político en una saga de las relaciones de poder preexistentes en la etapa colonial.

            Con el tiempo, Mugabe asimiló el fracaso del socialismo autoritario y no tuvo más auxilio soviético ni chino. Fue pragmático y aceptó las recetas de los organismos multilaterales para subsistir. El deterioro se incrementó hace cinco años atrás decretó la invasión popular de las haciendas, detentadas aún por los blancos luego de tantos años de independencia. Declinó la economía y actualmente padece de una hiperinflación con las secuelas de hambre y angustia para la gente de Zimbawe.

            Es presionado para realizar elecciones y perdió la primera vuelta frente al candidato opositor, Morgan Tsvangirai, quien abandonó el país por temor a ser asesinado. La Organización de Unidad Africana, actualmente reunida en el balneario egipcio en aguas del golfo de Acaba, Sharm El Sheik, delibera y plantea un gobierno de unidad nacional con participación de todos los sectores.

            Estamos presenciando el ocaso del presidente zimbauense, quien de héroe independentista y antirracista, devino en un autócrata vulgar. Su régimen militarizado está viviendo los estertores de la agonía. Prueba que la estructura de poder, independientemente de quien la ocupe, se engulle a quienes la usufructúan. El problema más relevante del mundo contemporáneo reside en las relaciones despóticas, fácticas o representativas, capaces de llevar a los hombres y las mujeres hacia el abismo. Y Mugabe es una demostración ostensible de ese destino.

 

HUMBERTO DECARLI R.

humbertodecarli@yahoo.es

              

 


PENURIAS CUBANAS (Publicado en El Mundo el 2 de agosto de 2008)

agosto 11, 2008

El reciente aniversario del 26 de julio fue conmemorado con un discurso del presidente cubano Raúl Castro. Sus ideas insistieron en restricciones económicas como parte de medidas tomadas por el gobierno.

            El régimen cubano es un típico modelo del socialismo autoritario o capitalismo de Estado. El aparato de poder está controlado por el Partido Comunista Cubano, sustentado en una férrea organización militar y policial capaz de impedir cualquier disidencia y en caso de ocurrir, sancionarla.

            Sin embargo, debido a la ausencia del líder fundamental han ocurrido algunos movimientos calculados. Hay la necesidad de hacer concesiones aunque fueren cosméticas. La permisibilidad de la pequeña propiedad y las manifestaciones de las damas de blanco, evidencian una limitada flexibilidad en el tratamiento de los asuntos internos.

            La política exterior cubana se basa en el pragmatismo por sus relaciones con modelos tan disímiles como Colombia y Venezuela, China y España. Mantienen un antiamericanismo que le ha dado cohesión interna y de admiración por los sectores, cada vez más reducidos, de la intelectualidad internacional.

            El estigma del embargo del norte es una vía de apoyo popular cuando la realidad indica la existencia de un embargo parcial. Estados Unidos es el séptimo socio comercial de La Habana, lo cual delata la fragilidad de este latiguillo.

            Igualmente, su economía reside en el turismo, entregado a las operadores hoteleras transnacionales, la exportación de níquel a China y la reventa de petróleo gracias al excedente del envío venezolano. Hubo un crecimiento del P.I.B. en los últimos años, fotografía de una ilusión macroeconómica.

            No obstante, existe una evidente desigualdad en la distribución de los bienes y servicios entre la población. Una élite, los cuadros superiores del partido gobernante, las fuerzas armadas, la policía y la burocracia estatal, percibe ingentes beneficios por ser los administradores del Estado. El resto de la gente se encuentra en una situación de penurias al ser una mano de obra barata al servicio del poder.

            La revolución cubana emergió en los tempranos sesenta del pasado siglo como una esperanza para quienes desean un mundo mejor. Empero, la presión de la Guerra Fría y las concepciones rígida de los gobernantes la ubicó como un peón del ajedrez de la pugna Este-Oeste y fue una pieza del bloque soviético a escasas noventa millas de la Florida. Toda una joya geopolítica en aquellos años de enfrentamiento.

            El Che Guevara hizo mutis al comprender la inutilidad de la sujeción a Moscú. Cuando el Pacto de Varsovia invadió Checoslovaquia, La Habana la apoyó y en la discusión con los chinos se puso al lado del Kremlin. La caída del muro de Berlín le produjo una crisis inconmensurable al decaer las tres cuartas partes de su comercio internacional.

            Oír de nuevo la exigencia de sacrificios económicos al pueblo es deprimente. Obviamente que el cartabón político reinante en la mayor de las Antillas no es eficaz a la hora de valorar la calidad de vida de su gente. Un esquema fundado en el militarismo más directo y un control policial formidable no puede generar sino ira por su fracaso. Y pensar que existen todavía sectores de la izquierda aupantes del estalinismo y  otros creyendo en las bondades de otra frustración histórica, la democracia formal. Ahora es cuando queda camino para insurgir en nuevas concepciones aptas para devolver la soberanía a la sociedad.

 

Humberto Decarli R.

hachedester@gmail.com