Reiterada política exterior

La política exterior venezolana ha sufrido un grave traspié en su tentativa de entrar al MERCOSUR. La forma de presionar del gobierno venezolano a los senados de Brasil y Paraguay ha sido determinante para provocar desenlaces parciales capaces de apuntar hacia el rechazo a la incorporación a ese ente de unión financiera y económica. 

La diplomacia del chavismo se ha orientado hacia un doble discurso. Por un lado vitupera contra el imperialismo yanqui y el neoliberalismo y por el otro, en los hechos, se expresa en sentido contrario. Así, denuncia de manera insistente al ALCA como fórmula efectivamente promovida por Washington pero le interesa el IIRSA (siglas del nombre en inglés), instrumento energético inscrito dentro de los planes americanos en esta materia. 

 El MERCOSUR es esencialmente un mecanismo integrador fundado en el libre mercado donde la presencia del Estado es irrelevante. Esta circunstancia fue obviada por la cancillería venezolana a la hora de pedir su ingreso. Ahora, cuando transita por un momento aciago, es denostado por el presidente como dominado por el capitalismo. 

Asimismo, la renta petrolera ha sido colocada como el pivote de las iniciativas venezolanas en sus relaciones internacionales. Es una fuente de financiamiento soporte de los pasos dados en América Latina, el Caribe, Centroamérica y Asia. El Alba es un producto de la chequera capaz de ofrecer ayudas a ciertos países con dificultades económicas. Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Jamaica, Cuba y el Caribe oriental, son los destinatarios del nuevo organismo presuntamente contrapeso frente a la iniciativa de las Américas. 

Asimismo, el pragmatismo ha sido otro de los rasgos característicos de la actitud del oficialismo en sus vínculos allende las fronteras. Una demostración evidente es la fraterna relación con Colombia (cuyo gobierno lo dirige un incondicional del Tío Sam) para la construcción del oleoducto parte del Plan Puebla Panamá. Habituado a dictar órdenes a sus vecinos debido a la factura petrolera el gobierno se ha encontrado con severas dificultades en el trámite de ser miembro del MERCOSUR. La soberbia presidencial ha encontrado un verdadero óbice en el senado brasileño quien no acepta los anatemas lanzados ni tampoco el ultimátum presentado. Ha sido una interrupción en el recurrente camino de aceptación fundado en el rechazo al errático gobierno de Bush y en el aporte dinerario y petrolero. En épocas recientes, con base en las bonanzas por el alza del crudo, ha ocurrido igual experiencia por parte del ministerio de relaciones exteriores. Me refiero en principio a la primera administración de C.A. Pérez, quien pretendió con su excedente financiero convertirse en un líder mundial en representación del Sur. Con más modestia lo hizo la gestión presidida por Luis Herrera Campins en su intervención en El Salvador y en Centroamérica. 

De tal manera que no es nada original el proceder del chavismo. Es la repetición de políticas propias del modelo político representativo y populista. No importa quién ocupe la alta dirección del Estado porque el corsé establecido por la estructura de poder impide que en época de altos precios del oro negro haya otra conducta. Son las manifestaciones inmediatas de un esquema cuyas puntas del iceberg son expresiones puntuales y cortoplacistas. Verdaderamente la cúpula política nacional no aprende de los antecedentes históricos y se limita a repetir los fracasos.  

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