Reforma subrepticia

Uno de los acontecimientos de mayor promoción en la actualidad es la reforma de la Constitución. Fue catalogada como la mejor Carta Magna del mundo y en  menos de siete años se intenta modificar, hecho denotativo de tener muchas fallas o no ser tan excelsa como se pregonó. El pináculo del ordenamiento jurídico fue considerado por el propio Jefe del Estado como el programa de gobierno de su administración. Hacer una  aseveración de esta naturaleza demuestra una gran confusión debido a que la máxima ley significa una expresión normativa, efluvio del poder mismo a través de la coercibilidad característica del derecho. Dicho en otras palabras, una norma coactiva delata los planes de las líneas de decisión del país.

Ahora bien, alterar la representación legal de mayor rango debería ser hecha en el contexto de la mayor democracia, esto es, con la más amplia discusión  y la participación de todos los sectores. Sin embargo, por propia confesión de los especialistas de la materia del oficialismo, ni ellos mismos saben cuál es el destino ni el contenido de ella porque la última y fundamental  palabra la tiene el Presidente. 

El procedimiento ha sido clandestino y sólo se ha tenido conocimiento de las informaciones filtradas, intencionalmente o no, desde el mismo sector oficial. La forma de llevarla a cabo demuestra un carácter cupular o personalista en su elaboración. Se conocen algunas materias como la permisión de reelección infinita, la reelaboración de la división política-administrativa con base en unos territorios dirigidos por vicepresidentes ad hoc, consejos comunales monitoreados desde el gobierno central y muchísimos otros aspectos. Se sospecha que pasarán de doscientos los artículos a reformarse, en cuyo caso la magnitud del cambio es de una gran envergadura. Asimismo, se prevé una ingente publicitación de la reforma para alterar la postura opinática de rechazo ante tanta imposición. Para ello cuenta el Gobierno con la hipertrofia financiera de la bonanza actual para alterar el sentido contrario manifestado por la gente hasta los actuales momentos, incrementando los programas asistencialistas y ejercitando el clientelismo hasta el infinito. Ciertamente, a partir del mes de septiembre presenciaremos la escalada propagandística y la movilización  electorera para lograr ese fin.

La manera de actuar del chavismo es arbitraria y nos recuerda la actitud betancourista cuando en 1961 promulgó una Constitución hecha por un Congreso y no por un Constituyente. Un poder constituido fue el encargado de redactar  la cima del derecho venezolano, cuando debía corresponder al ente generador característico de la ideología de la revolución liberal burguesa. En todo caso, creo que la sintaxis del nuevo cuerpo legal está en sintonía  con un proyecto totalitario capaz de tamizar al pueblo venezolano por la vía del control. Está basado en el cartabón cubano donde el Estado omnímodo se traga a la sociedad para mantener un esquema profundamente autoritario  fundado en una dictadura ideologizada. 

El nuevo estatuto de dominio nacional se traduce en un modelo populista representativo cuyas expresiones son el estalinismo, el neomilitarismo y un armamentismo inusitado complementado con el culto a la personalidad del gran  líder. Sólo falta llevar a las hipótesis normativas constitucionales estas proposiciones para coronar el proyecto concebido por el estamento político administrador de la globalización.

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