La corrupción es estructural

El reciente escándalo del maletín pleno de dólares en Argentina es una superficial muestra del fenómeno de la corrupción venezolana. La combinación de un modelo político, la democracia representativa, aunado a la bonanza petrolera no podía desembocar en otra resultante distinta al ejercicio del soborno. La historia nacional está impregnada de casos donde la cosa pública ha sido manejada como propiedad de quienes la detentan. La ausencia de institucionalidad democrática, la carencia de un poder judicial autónomo así como la inexistencia de mecanismos de control, incide en ocasionar impunidad.La caracterización antes narrada califica a la corrupción como una expresión estructural y no coyuntural. Un proyecto político concebido como colaboración de factores nacionales y mundiales de poder la autocontiene, vale decir, es inmanente a su razón de ser. Uno de los agentes activantes del populismo es la descomposición reinante.La corrupción en el país ciertamente es de vieja data, iniciada desde nuestro nacimiento como país cuando los militares se apropiaron de la nación por sus servicios en la guerra de independencia, pasando por el desastre significado por Guzmán Blanco y las dictadura de Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez y Pérez Jiménez, hasta llegar al experimento clientelar iniciado por el Puntofijismo y su prolongación chavista. No ha variado esencialmente a pesar de cambios cosméticos del poder.El affaire acaecido en el avión de PDVSA es una expresión aislada dentro del cuadro dantesco vigente en la petrolera. No es tan sólo como lo denuncia la oposición oficial, reducida a la incapacidad de extraer más barriles de crudo o a la ineficacia operativa, sino que detrás de todo el entramado comercial y de distribución de petróleo, subyacen mafias operadoras al nivel mundial.El especialista Pablo Hernández Parra ha presentado informaciones realmente impactantes de esta situación atravesada por la principal empresa estatal. Asimismo, el Padre José Palmar ha hecho denuncias relevantes pero lamentablemente las consignó ante un órgano jurisdiccional penal donde todos conocemos cuál destino tendrá. Debió hacerlo ante la opinión pública para desnudar tanta abyección y así comenzar una verdadera investigación.Sin embargo, hay tentativas de diluir la fuerza del problema argentino. Me refiero a la aceleración de la propuesta de reforma constitucional presentada por el Jefe del Estado a la Asamblea Nacional. Cuando nadie lo esperaba vimos cómo en los medios se difundió rápidamente, de un día para otro, la concurrencia del presidente ante el órgano legislativo nacional y se le ha dado la mayor cobertura.La táctica ha dado resultados y desde ahora hasta diciembre o enero el eje noticioso ha sido, es y será la señalada modificación a la Carta Magna. Es un tema único donde se diseminarán todas la contingencias ínsitas a la pésima gestión gubernamental. Incluso la oposición tradicional le hará el juego ante su carencia de imaginación y agotamiento conceptual.Como muestra de esta línea apreciamos la fluidez con la cual la Asamblea Nacional aprobó en primera discusión la propuesta presidencial sin ninguna discrepancia. Es el monolitismo llevado hasta las más elevadas prácticas. Y seguramente continuará el procedimiento de esta forma porque el parlamento le dará la mayor celeridad a los úcases ordenados desde Miraflores mientras los negociados se expanden cotidianamente . 

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